El escritor analiza el poema detenidamente.
Extrae raros jugos de los versos y repasa las comas y los puntos.
Desesperado, llora porque cree que no encontrará nunca la partícula de Dios. Aquella que le da masa a las palabras y las combina de manera mágica.
Maldice el día que decidió dedicarse a las letras y no a las ciencias.
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5.7.12
13.1.12
MAÑANA DE PESCA
El escritor lanza su caña con todas sus fuerzas. Observa la parábola que describe el anzuelo y el plomo. La mañana es radiante y el olor a sal despierta su instinto. Siente las vibraciones de las olas que atraviesan la caña. Entonces grita. El carrete gira a toda velocidad. Chorros de letras le salpican a la cara y no puede ser más feliz. Entre las gaviotas, brilla una magnífica idea para un cuento sobre el mar.
2.9.09
Microrelatos sobre viajes
Los viajes y el amor
Nuestro amor es como un viaje, mientras más lo preparas peor sale. De todas formas, ya reservé el billete de vuelta.
Nuestro amor es como un viaje, mientras más lo preparas peor sale. De todas formas, ya reservé el billete de vuelta.
14.7.08
La magia de los deseos
(Foto: M.J. Yeste) CIE. ARISTOBULLE en "Le café des ilusions"
El mago, en su truco final, cortó a su mujer en dos pedazos.
Ella inocente, saludaba al público con la mano que movía tímidamente de un lado a otro, por un agujerito en la parte superior del cajón. Por la parte inferior, asomaban dos zapatos de tacón unidos a dos piernas que parecían falsas.
Él, tras una sonrisa en su punto más álgido, suspiró. Miró al suelo y vio caer un chorro de sangre a sus pies.
No hay nada tan terrible ni tan maravilloso como hacer realidad los sueños.
Ella inocente, saludaba al público con la mano que movía tímidamente de un lado a otro, por un agujerito en la parte superior del cajón. Por la parte inferior, asomaban dos zapatos de tacón unidos a dos piernas que parecían falsas.
Él, tras una sonrisa en su punto más álgido, suspiró. Miró al suelo y vio caer un chorro de sangre a sus pies.
No hay nada tan terrible ni tan maravilloso como hacer realidad los sueños.
22.5.08
Ellos
(foto: José Angel Izquierdo)Te lo dije. Te lo he dicho miles de veces. Ellos están a punto de alcanzarme. Creo que esta vez sí que van a por mí. Hay demasiada oscuridad aquí dentro. No sé por qué todos dicen que ésta es tu casa. La casa de Dios. Por eso he venido hasta aquí para comprobar si así me escuchas ¿No estás en todas partes? En fin, en todo caso es como una oficina, gestión de los pedidos y salida de productos ¿Qué debo ser yo un proveedor o un cliente? Esa señora me manda callar. Me mira con malos ojos ¿La habrán enviado ellos? Espero que me escuches porque no puedo hablar más alto, deben estar cerca ¿Por qué has esperado tanto? ¿Por qué no los has eliminado? ¿Qué significa todo poderoso en tu idioma? Si es que hablas alguno. Te lo he pedido tantas veces. La gente dice que me invento las cosas. Nadie se cree que ellos están en todas partes, que son capaces de hacer cualquier cosa. Yo no sé cómo son pero sé que están ahí, los siento, los puedo oler, siento su presencia omnipotente. Tal vez se escondan bajo cualquier forma, incluso bajo la forma de esta señora que no para de mirarme. Sé que ellos dictan sus leyes. Sé que se creen en posesión de la verdad absoluta. Son los transformadores del mundo. Dominan la energía y las fuerzas que lo mueven. Señora no me mire así. Todos están ciegos. Se mueven tan sólo ante lo que les da una prueba, y yo nunca las he necesitado. Sólo tengo fuerzas para llorar. Me siento impotente. Me duele la boca de explicar a todo el mundo el peligro que corremos. Por eso ellos quieren eliminarme a mí primero. Seguro que nos espera un juicio final, un juicio en el que no valdrán excusas, no valdrán atenuantes, ya no valdrá hacer oídos sordos. Bien dicen que es tan culpable el que hace, como el que consiente ¿Eres tú de esos? No me gustan las velas. No entiendo a cuento de qué la gente enciende las velas. Las velas chorrean lágrimas que se hacen sólidas. No entiendo por qué no haces nada ¿Por qué guardas silencio? ¿No piensas decir nada? Nunca me gustaron las iglesias, huelen a cera y a muertos, a fantasmas, a tristeza. Huelen a ellos. Huelen a…Señora deje de mirarme así, no puedo soportar que me mire así. Grito porque me da la gana, grito porque nadie es capaz de decir lo que hay que decir, porque todo es mentira, porque el mundo es una invención de ellos, y ahora lo veo claro. Señora, que sí, que ya salgo, dígale…o mejor no le diga nada, que él también es como ellos.
15.5.08
Como pez en la pecera
Foto de Keith CarterAyer soñé contigo. Soñé que eras un pez nadando en la pecera. Me mirabas con esos ojos redondos con los que no te atreves a decir nada.
No me extrañó que no hablaras, tu vida de pez no se diferencia mucho de la de siempre. Abrías la boca como para decir algo pero tan solo era una mueca viciosa, parte de tu rutina acuática.
Habían pasado los años pero éramos los mismos. Yo intentaba contarte como me sentía. Tampoco se me hacía raro hablarle a alguien que se asemejaba a un pez que se movía de un lado a otro, chocando con las paredes de cristal. No era ese el problema. Lo angustioso era que las palabras tenían que luchar para salir de mi boca, como si el aire hubiera tomado la consistencia del agua. Tal vez era yo la que estaba sumergida en líquido y la pecera, el único reducto disponible.
Esta mañana, al despertar, y, ver que ni tu maleta ni tú estabais en casa, he pensado que ya debe ser demasiado tarde para aprender a nadar.
No me extrañó que no hablaras, tu vida de pez no se diferencia mucho de la de siempre. Abrías la boca como para decir algo pero tan solo era una mueca viciosa, parte de tu rutina acuática.
Habían pasado los años pero éramos los mismos. Yo intentaba contarte como me sentía. Tampoco se me hacía raro hablarle a alguien que se asemejaba a un pez que se movía de un lado a otro, chocando con las paredes de cristal. No era ese el problema. Lo angustioso era que las palabras tenían que luchar para salir de mi boca, como si el aire hubiera tomado la consistencia del agua. Tal vez era yo la que estaba sumergida en líquido y la pecera, el único reducto disponible.
Esta mañana, al despertar, y, ver que ni tu maleta ni tú estabais en casa, he pensado que ya debe ser demasiado tarde para aprender a nadar.
10.7.07
El quinqué

El quinqué
La luz que desprende el quinqué es la que me empuja a imaginar cosas terribles, concretamente la llama que arde encapsulada, encerrada en su burbuja de cristal, estoy segura. Los libros se amontonan a mi alrededor. Sin darme cuenta he levantado una muralla entre la realidad y la ficción. Ahora me doy cuenta que no sé en que parte vivo, si a un lado o al otro. ¿Alguien puede apagar la luz de ese quinqué? Tal vez así llegue a encontrarme a mí misma
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