21.9.07

LA BOLA


1.
Bailar
, pegar mi cuerpo al tuyo. Un vértigo para el que no tengo palabras. Un silencio al que no le importa la música. Sólo bailar y cuando tus brazos me apretan sentir miedo. Miedo de sentirte a mi lado. Un olvidarme de quien soy porque ya no me importa. Un espejo allí al fondo, me descubre que conservo mi cuerpo de mujer pero mi cabeza es una bola sin rasgos. No tengo cara, tan sólo bailo a tu lado y me dejo llevar. Me pregunto si yo soy capaz de verte sin tener ojos, ¿serás tú capaz de quererme sin tener corazón?

2.
Sólo cuando bailamos siento que eres mía. Te miro y hay algo en ti que hoy me gusta más. No tienes ojos ni boca. Tu cabeza se ha convertido en una perla perfecta, blanca y vacía. Tu cuerpo se aferra al mío y tus pechos se aplastan contra mi pecho, me hacen sentir que estoy vivo .

3.
Vueltas y vueltas, danzamos sobre la pista. ¿Por qué es ahora en este silencio de nuestro abrazo cuando descubro que tú cara es una máscara horrible? Me pregunto cuánto tiempo he estado ciega, aunque tenía ojos. Tal vez sea capaz de decir lo que nunca he dicho cuando ya no tengo boca.

4.
No sé por qué te apartas, no pienso soltarte, no voy a gastar ni una sola palabra. No Pienso escuchar nada más que la música. Baila, sigue bailando que soy yo el que te lleva
.

5.
Él me da vueltas sin parar, giro y tengo de eje su mano que no me suelta. Estoy mareada pero sigo girando y girando. Nunca pensé que de su propia mano pudiera convertirme en una silueta que dibuja una esfera. En una bola gigante que rueda, que aplasta a su paso al hombre de la máscara que no sabe que ha creado a un monstruo.

22.8.07

LA TORRE DE JAMES JOYCE


LA TORRE DE JAMES JOYCE
También conocida como The Martello Tower en Sandycove, fue construída en 1804 por el ejército británico para defenderse de una posible invasión napoleónica.
En 1962 Sylvia Beach, editora del Ulysses la convirtió en el Museo de Joyce y en la actualidad es propiedad del Dublin Tourism Enterprises.
La estancia de Joyce en la Torre
Cuando en 1904 Oliver St. John Gogarty se trasladó a vovir a la torre como primer propietario civil, invitó a Joyce. Por aquel entonces, Joyce contaba con veinte años y se encontraba en los principios de su carrera literaria. En ese año escribió un poema tiltulado The holy Office, en el cual atacaba a todas las figuras literarias de Dublin de la época y en el que se proclamaba alma independiente. James acusaba al mismo Gogarty de engreído y cuando Joyce llegó a la torre se encontró con un recibimiento algo frío.
Unos días más tarde se les unió Samuel Chenevix Trench, un amigo de Gogarty de raíces anglo-irlandesas que insistía en hablar en irlandés, a pesar de su acento marcadamente de Oxford y que indudablemente añadió cierta tensión a la atmósfera.
Durante la sexta noche de la estancia de Joyce, Trench tuvo una pesadilla sobre una pantera negra, lo que lo motivó a levantarse, coger una pistola y disparar varios tiros a la chimenea para luego volverse a dormir. Gogarty cogió la misma pistola y gritó: “Déjamelo a mí” y disparó a las sartenes situadas por encima de donde dormía Joyce. No hizo falta más para que Joyce abandonase la torre. Un mes más tarde, Joyce se fugó a Europa con Nora Bernacle e inició un exilio voluntario.
El Ulysses confirió gran renombre a la torre. La escena inicial del libro tiene lugar en la parte superior de la torre con el personaje Buck Mulligan apareciendo por las escaleras. Se afeita al aire libre y en ese momento aparece Stephen Dedalus de quien se burla por el ridículo largo luto que guarda por su madre.
En el primer capítulo se describe la sala circular donde están desayunando Buck Mulligan (Gogarty), Stephen Dedalus (Joyce) y el inglés Haines (Trench). Esta descripción junto con las memorias que dejó Gogarty, algunos de sus visitantes y otros documentos ofrecen indicios suficientes para saber como era la habitación por aquel entonces.
La Torre está situada en una colina que mira al mar de Irlanda, junto a la piscina natural de Forty Foot muy cerca de la bahía de Dun Laoghaire. Me dirigía a ella mientras todos los demás acompañantes de mi viaje a Irlanda disfrutaban de un baño en estas gélidas aguas. Igual que me acerqué hace un tiempo al Ulysses, casi de puntillas, como una ladrona, como alguien que casualmente se topa con un regalo, entré en la Torre, armada de mi torpe inglés y casi en secreto.
Me gusta tanto disfrutar de la soledad en estas ocasiones…En la exposición me encontré con un ejemplar de la primera edición del Ulysses y de otros libros del autor. Fragmentos de su puño y letra y algunos objetos personales como una guitarra, un chaleco o su último bastón. Me aventuré a subir por una extrechísima escalera de caracol que contribuye al ambiente de misterio. En el segundo piso, una reproducción de la habitación donde comienza el Ulysses. Una mesa con tazas de porcelana del s. XIX, Una tetera y poco más. Arriba donde se termina la escalera me quedé enganchada en el paisaje y aún debe estar disuelta una pequeña parte de mí, allí arriba junto a la mirada de Joyce.

24.7.07

Un sueño



Estuve mucho tiempo intentando recordar un sueño bonito. Un sueño en el buen sentido de la palabra. Un deseo maravilloso que uno no se atreve a contar para que se cumpla. Pero no lo he conseguido y he sentido pena. Las cosas son como son y tal vez una pesadilla sea una forma de escapar del terror, de ese miedo que nos acompaña durante toda la vida. Tal vez una pesadilla sea una escapatoria.
Recuerdo un sueño que tuve cuando me quedé embarazada. Me veía por dentro. Mi cuerpo era como una medusa de una extraña transparencia. Los órganos se mezclaban unos con otros y después veía muchos tentáculos que flotaban en un mar con burbujas. Tenía la sensación de que por un momento, me convertía en el bebé que dormía en mi vientre y era como mi propia madre, final y principio en mí misma. Tengo que decir que aquellos días que rodearon a mi pesadilla, fueron una época muy dificil para mí y paradojas de la vida, la maternidad me salvó.

10.7.07

El quinqué


El quinqué

La luz que desprende el quinqué es la que me empuja a imaginar cosas terribles, concretamente la llama que arde encapsulada, encerrada en su burbuja de cristal, estoy segura. Los libros se amontonan a mi alrededor. Sin darme cuenta he levantado una muralla entre la realidad y la ficción. Ahora me doy cuenta que no sé en que parte vivo, si a un lado o al otro. ¿Alguien puede apagar la luz de ese quinqué? Tal vez así llegue a encontrarme a mí misma

6.7.07

VOLVER A EMPEZAR

Un nuevo blog, después de la autodestrucción. Volver a empezar para seguir adelante. De nuevo intento servirme de la tecnología y de la red para comunicarme. Aunque a veces tengo dudas si es una ayuda o es un mecanismo infernal para alejarme de escribir, una especie de excusa para atrasar a lo que debo enfrentarme como una necesidad. Escribir, escribir, escribir, sin perdida de tiempo.
¿Qué haría yo sin la escritura y sin los libros? Aunque sean virtuales merecen una oportunidad.

Frase: "Los libros son una sucesión de espejos que multiplican el mundo" Italo Calvino