Foto: Reuters/C. Charisius del Periódico.comTal vez todo eso no tenga nada que ver. Estos días hemos podido disfrutar de un entusiasmo de todo un país, que nunca se acaba de sentir España. Es parte de la magia española el discutir entre las distintas comunidades, el ser tan diferentes. Yo no sé muy bien de dónde soy, abuelos maternos nacidos en Albacete, los paternos en Jaén, mis padres nacidos en África e inmigrantes en Alemania, y yo como no, nacida en Cataluña, menudo jaleo pero qué más da. Siempre digo que me considero ciudadana del mundo. España es como este equipo que ha ganado la Eurocopa, cada uno de su pueblo pero que todos juntos saben ser uno. Ojalá supiéramos aplicar esta filosofía del toque, del pase a cada uno de los miembros del equipo, a cada una de las comunidades que no por ser diferentes no pueden llegar a trabajar en equipo. Ojalá que el mundo entero pusiera el mismo ímpetu en luchar por las cosas verdaderamente importantes, y lo de ayer me demuestra que podemos… No que podemos ganar un simple trofeo sino que podríamos conseguir todo aquello que de verdad nos propusiéramos. En vez de chupar pelota, pásala, dale la oportunidad al que esté mejor colocado, piensa que no eres tú el único habitante del mundo. Y por imitación, valdría la pena que todos los países supieran también pasarse la pelota entre ellos, supieran confiar los unos en los otros, no solo aprovecharse de los más débiles. Consigamos que lo bueno que tiene el deporte se traspase a los asuntos sociales, a la economía, a la cultura para todos. Dejemos atrás la parte del deporte que no nos gusta, los fichajes millonarios, los despilfarros innecesarios y los negocios sucios. Saquemos a la luz aquello que nos une y que nos hace respetar al contrario como un rival digno.




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