
Al sumergirme en el agua noto como mi cuerpo disminuye de temperatura y todo se ralentiza. Descubro un mundo con sordina, un mundo que me permite pensar, donde los ruidos no me gritan a la cara. Bajo hacia la arena del fondo y la acaricio pero como siempre es tan esquiva como su forma seca. Entonces un grupo de peces pasea por encima de mí y dibuja, en el fondo, con sus sombras, letras maravillosas que intento leer a toda costa. Son letras extrañas que componen un alfabeto que recuerdo de los sueños. Si no tuviera que subir a la superficie para respirar, me daría tiempo a entender el mensaje. Es tan corto el tiempo. Al subir, sigo mirando hacia abajo para no perder ninguna oportunidad de leer, aún me asombro de mi cabezonería y entonces, veo una gran letra entre las demás, una que ha dibujado mi propio cuerpo con su inmensa sombra que completa el texto submarino con todo su significado.
Justo cuando le estaba dando vueltas a la cabeza para escribir “Profundidades” me encontré una cita del filósofo Wittgenstein en el libro de Rodari que estoy leyendo estos días: “Gramática de la fantasía”, la cita dice así: “Las palabras son como la capa superficial de las aguas profundas” ¿No es extraño y maravilloso este encuentro con las ideas de otra persona?