miércoles 15 de julio de 2009

UNA MUJER COMO TÚ de Neus Arqués








La novela gira en torno a cuatro mujeres actuales que quieren ser un reflejo de la evolución de la mujer. Ellas representan las diferentes caras de una realidad y todas reúnen las contradicciones a las que nos enfrentamos diariamente. La tradición y la modernidad conviven con muchas dificultades.
Ruth es una mujer judía espectacular, autosuficiente pero que también nos muestra sus temores y debilidades más humanas. Bel lucha por su matrimonio y por su propio reconocimiento personal. Luisa descubre lo importante que es vivir primero para una misma, respetarse y valorarse. No se trata tan sólo dejarse llevar por el único y exclusivo objetivo del cuidado de los hijos. Marta busca desesperadamente la maternidad y nos hace pensar sobre lo que significa.
Pero este libro no se limita a la visión femenina sino que aporta también la mirada masculina a través de las parejas y amantes de estas mujeres.
Me ha resultado muy curioso los guiños que la novela hace a su precursora:”Un hombre de Pago”. Incluso algunas de las protagonistas hablan de este libro y del cuadro de la portada del ejemplar en castellano.
Me gusta que la novela tenga como transfondo Barcelona y también que surja una crítica sobre la transformación de la ciudad en un escaparate turístico que parece difuminar un poco su identidad.También me parece positiva la manera de retratar una parcela de la sociedad actual y moderna a través de diferentes puntos de vista o aspectos que se entreligan como en un puzzle, cuestiones culturales, religiosas y artísticas: la música, la pintura, las galerías, los museos, el mundo editorial, etc

jueves 4 de junio de 2009

La bolsa






En la calle dos viejos pasean de la mano. Ella lleva una bolsa . Él se apoya en un bastón. Apenas pasan coches. Los edificios desiguales y maltrechos dibujan sombras siniestras. Un perro ladra a la vieja. El hombre lo mira fijamente y lo desafía. Después el animal se lanza al bastón. Acuden dos perros más pero se mantienen al margen. El hombre suelta de la mano a la mujer y golpea al perro. Sus movimientos todavía tienen fuerza para malherirlo pero se desequilibra y cae al suelo. Ahora son los tres animales los que acechan al viejo. Él intenta incorporarse. Levanta la cabeza y no los pierde de vista, como si con la mirada pudiera controlar su ataque. Una gota de sangre recorre el espacio desde la ceja al labio superior del viejo. El perro también sangra. No pasa nadie por la calle. La mujer no sabe qué hacer, se queda inmóvil sujetando la bolsa, la abraza y la levanta hacia arriba, como si quisiera ponerla a salvo de las fieras.
La vieja mira hacia arriba y reconoce la silueta de un hombre que está asomado a la ventana, distingue el fuego encendido de un cigarrillo en la oscuridad. No puede gritar. Recorre con la mirada todos los bloques. Están llenos de ventanas con párpados cerrados. Oprime la bolsa contra su pecho.
Los perros atacan al hombre, los cuatro cuerpos escuálidos tironean unos de los otros. El viejo aprieta los dientes y como puede, se pone en pie. Golpea a los perros con el bastón. Recuerda la fuerza que empleaba al empuñar el hacha con la que cortaba la leña cuando era joven . Los perros toman forma humana y cantan a su alrededor, se burlan de él. No dejará que le arrebaten lo último que les queda, ellos no podrán, nadie podrá quitarles lo único que tienen, se repite una y otra vez.
La vieja parece que reacciona y le da una patada a uno de los animales que aúlla. Los demás salen corriendo, cansados de luchar y entre quejidos se alejan. Uno de ellos se atraviesa delante de un coche negro, se tambalea, el coche da un frenazo, el perro recupera la marcha y desaparece.
El conductor del coche sale y comienza a increpar a la pareja de ancianos. Les grita y les pregunta si es suyo ese perro. Los viejos niegan con la cabeza. Les dice si es que se dedican por las noches a espantar perros callejeros. Les dice que por qué no se van a su casa y dejan de interrumpir el tráfico. El conductor se sube al coche y se aleja. No viene ningún otro vehículo detrás, ni tiene nadie delante, acelera con fuerza. El ruido se amplifica al chocar con las paredes del barrio.
La mujer coge la bolsa por un extremo y le da el otro al hombre. Ella se ha hecho daño en la pierna y cojea. A él le da igual que le sangre la ceja, ya se secará, prefiere seguir caminando y olvidar, olvidarlo todo.
Pasan un contenedor de basuras y a pocos metros, les para un hombre joven. Lleva una cazadora de piel color marrón y unas gafas de sol a modo de diadema. Se ríe de la pareja de ancianos y les grita que se han pasado el contenedor, que dónde van con esa bolsa. El viejo mueve la cabeza de un lado a otro. La mujer lo mira esperando que sepa salir de la situación. El hombre de la chaqueta de piel les pregunta que qué diablos llevan en la bolsa. El viejo sigue sin hablar. Qué habéis robado viejos, os lo compro, me sobra el dinero, dígame lo que llevan. El viejo niega con la cabeza. Viejo testarudo. El hombre se aleja, cruza la calle y se reúne con una chica rubia que lo besa. Él la abraza y se queda mirando a los viejos. La vieja vuelve a tomar con fuerza la bolsa y sigue andando todo lo deprisa que puede, el viejo la sigue. Ella espera unos segundos al anciano y de nuevo aligera el paso.
Al mirar atrás , ve a otro hombre, al que parece reconocer, les sigue. Lleva un cigarrillo encendido que se ve brillar en la oscuridad, con ese tono rojizo que toma el tabaco ardiendo. Los tres perros aparecen en una bocacalle y se pegan al fumador. Los viejos apresuran el paso, de nuevo comparten la bolsa. El bastón marca el ritmo de lo que parece un desfile.
El chico de la chaqueta de piel se despide de la rubia y se suma al grupo. Ella lo sigue con una mirada interrogante sin que él se de cuenta.
Nadie habla con nadie, todos miran a la bolsa. Los edificios dejan paso a algunos solares. Los árboles se alternan con montones de basura.
El coche negro, que parece estar dando vueltas por el barrio, divisa a la comitiva y la sigue. El conductor abre la ventanilla para no perderse la ruta de la bolsa.
La chica rubia también intenta alcanzarles. Se figura que algo pasa ¿Qué es lo que sigue todo el mundo? Se pregunta. Algo llevan en la bolsa ¿Qué ocultan esos viejos? Todos se hacen la misma pregunta pero nadie pronuncia una sola palabra.
La ciudad va quedando atrás . La fila de hombres, mujeres y perros se hace interminable.
Los viejos cansados de arrastrar la bolsa, se paran y se sientan en un banco desvencijado. El hombre mira a la vieja y le dice en voz baja:
—Ya te dije que nuestro gato, hasta después de muerto, nos quitaría la soledad.

domingo 31 de mayo de 2009

Noveno encuentro de bitácoras en Barcelona


Ayer tuvo lugar nuestro tradicional encuentro de bitácoras de amantes de los libros. Y como no, amantes de la ficción en sus más diversas versiones. Anoche, lucimos un derroche de mentiras, unas bien pensadas y otras improvisadas pero ninguna de ellas carentes de humor y picardía. Creo que hasta los camareros del restaurante esperan que Palimp comience la lectura de nuestros pequeños retales literarios. No faltó el recuerdo a nuestra musa “Terelu” a la que estamos pensando convocar para el próximo día.
Se ha abierto el plazo para sugerir ideas para la celebración del décimo encuentro.
Lástima no poder disponer de una mesa redonda, de esas gigantes que permiten escuchar a todo el mundo. Por mi lado de la mesa, estuvimos hablando de nuestros recuerdos, al estilo “cuéntame”, sobre todo los cuarentones que éramos un grupo nutrido. Hablamos de cine, de las series de televisión y sus nuevas técnicas, de Mazinguer Z y de Betty Missiego en Eurovisión. En fin, no paramos de reír.

sábado 30 de mayo de 2009

Blog y libros en Barcelona




De nuevo el encuentro de blogueros forofos de los libros en Barcelona. Es esta noche. últimamente no llego a tiempo ni de avisar de las efemérides. Pero si por si alguien quiere apuntarse a última hora, toda la información en Cuchitil literario.
Yo estará allí como un clavo. La fiesta empieza en el "Bohemia Café" a las 20h.

viernes 24 de abril de 2009

Neus Arqués firma "Una mujer como tú"


Un gustazo ir a ver a Neus en Sant Jordi

¡Mucha suerte con "Una mujer como tú"!





miércoles 22 de abril de 2009

Sant Jordi 2009 .“Un hombre de pago” preámbulo de “Una mujer como tú”.

Mañana es el día se Sant Jordi y quiero preparar una jornada lo más literaria posible. Acudiré al Passeig de Gràcia , donde curiosearé todo lo que pueda y después al Corte Inglés de Maria Cristina ( de 12 a 13h firma su nuevo libro Neus Arqués y es mi objetivo este año ).
Tengo como reto conocer un poco más a la escritora Neus Arqués. Me parece una mujer inteligente a la que vale la pena seguir capítulo a capítulo, libro a libro.
Acaba de publicar “Una mujer como tú” pero por esa manía mía de conocer la historia de las cosas, decidí comenzar (leer) por el principio. “Un hombre de pago” (2006) Umbriel, es su primera novela traducida a varios idiomas. Tal como dice la contraportada de este libro “Neus Arqués consigue mostrar en este relato en apariencia ligero pero con intensos matices, los desvelos de una mujer occidental contemporánea. La novela plantea un sinfín de cuestiones que no dejan indiferente a ningún lector interesado en la evolución de las relaciones entre hombres y mujeres en este principio de siglo.”
La novela muestra una situación y nos lleva a preguntarnos: ¿Es posible el sexo sin amor? ¿Qué puede hacer una mujer cuando ya no la miran? ¿Qué es lo que deseamos verdaderamente la aventura y el desafío o una situación cómoda? ¿Nos da miedo que nuestros deseos se hagan realidad?
Es un libro de lectura fácil y rápida que te lleva de la mano hacia la próxima novela: “Una mujer como tú” que compraré mañana para que Neus me lo firme y pueda saber como crecen los personajes de “Un hombre de pago”, ¿Os animáis?
Curiosidades: He leído en la página de Escuela de Letras que la versión manuscrita completa de “Madame Bovary” ya está disponible en Internet, gustazo para los maniáticos de los libros, no dejéis de verlo.
Feliz Sant Jordi para todos.

viernes 10 de abril de 2009

EL OTRO LADO

Salvador Dalí, Tempus fugit


No sé cuanto tiempo llevaba caminando pegado a la línea del arcén. Su blanco fluorescente se me clavaba en los ojos. Mi cerebero se dividía en dos, justo por el centro. Se cortaba con la suavidad que le corresponde al tacto de una víscera. No era la primera vez que me sentía así. Se había convertido en una costumbre vivir dividido en pedazos.
No sabía lo que había hecho la última noche, pero allí estaba. Rodeado de lo que se podría decir la nada.
No pasaba un solo coche. Incluso el viento se había parado y en el horizonte se dibujaban extrañas flores transparentes hechas de calor.
No podía más. Me senté en un pedrusco que encontré en la cuneta. El sol me atravesaba la nuca gracias a la postura cansina que había tomado mi cabeza.
No sabía donde estaba y tampoco me importaba demasiado. Pero acaso no era eso lo que más deseaba, ir a ninguna parte, perder la noción del tiempo y olvidarme de la lógica.
Debía estar muy lejos, me había deshecho de los últimos vestigios de la ciudad. Sólo mi reloj me recordaba la esclavitud a la que estaba sometido desde hacía tanto tiempo.
Las doce en punto.
Levanté la mirada, apenas algún árbol a lo lejos. Saqué mi libreta y el lápiz de la mochila y me puse a escribir palabras, no paraban de brotar. Era un caudal de sangre lo que se pegaba a las páginas. Rodaban pedazos de sueños mezclados con deseos y obsesisones.
No me importaba nada más. Tan sólo las letras enlazadas unas con otras. Dibujos hechos con frases. El cuerpo de una mujer cubierto de palabras que la acariciaban. Y yo amándola, como si amara a todas las mujeres a la vez , como si amara al deseo mismo.
Las páginas se sucedían una a la otra hasta que conté seis.
Miré el reloj de nuevo, maldita manía. Las agujas no se habían movido ni un milímetro.
De nuevo las doce en punto.
La tierra roja se quebraba , podía oir el sonido de los terrónes rompiéndose bajo mis pies. Golpeé varias veces la esfera del reloj y el minutero empezó a moverse. Parecía como si quisiera acostumbrarse a un nuevo ritmo.
Las nubes pasaban lentas por encima de mí. El lápiz cayó al suelo. Al agacharme a recogerlo me quedé mirando un buen rato una fila de hormigas gigantescas que se dirigían al hormiguero. Estaban cargadas de semillas de cebada.
Las grandes explanadas estaban recien segadas. Tenían un aspecto desolador, de un amarillo salvaje que me atraía.
Las doce y media.
Contínué con la escritura. Cada vez más libre. Me dejaba llevar por el ritmo automático de las palabras. Sentía un suave cosquilleo. No tenía que pensar. Era como si rescatara una historia que ya estuviera escrita. Sólo me ocupaba de transcribirla. Me paré en seco cuando conté seis páginas más. Sentí miedo. La manga de mi camisa tapaba el reloj pero mi curiosidad me empujó a volver a pensar en el tiempo.
Otra vez las doce y media.
El sol no parecía haberse movido. Clavé un trozo de paja en el suelo e hice una marca para indicar la posición de su sombra. Tal vez todo era un transtorno de mi reloj.
Me coloqué como mejor pude y apoyé la libreta entre las piernas. Después se me ocurrió ponerla sobre la piedra a modo de escritorio y seguí escribiendo. Me sentí en la gloria, ya no hacía tanto calor aunque no se movía ni una hoja .
Me paré un momento a comprobar el palito de paja y la marca que había hecho en el suelo, no se había movido, todo continuaba igual.
Zarandeé mi reloj que mantenía sus manecillas en la misma posición.
Las doce y media.
Me parecía una línea perfecta que dividía la esfera en dos partes, puede que el pasado y el presente o el presente y el futuro, qué más dá.
Entonces seguí escribiendo, durante un tiempo incontable. Era como una inercia que me arrastraba a escribir y a escribir en una escritura eterna, sin medida y así sigo, escribiendo. Sólo a veces, me vienen recuerdos de lo que yo llamo el otro lado, como por ejemplo el sabor amargo de las pastillas para dormir.