12.7.12


Viladecans ya ha recogido los restos de la riada teatral. Se han tapado los agujeros que han dejado las carpas de los circos ambulantes y se han barrido los despojos de los fuegos artificiales. La resaca de los espectáculos, lejos de dejarnos dolor de cabeza, nos deja una especie de nostalgia que durará hasta el verano que viene. Muchos han sido los artistas que han pasado por la ciudad y a todos se les agradece su esfuerzo. Todo el mundo agobiado por el ambiente de crisis,  sólo hacía que comentar que la calidad había bajado respecto a otros años. Tal vez sea así, yo no lo discuto pero también hay que decir que en la sencillez de muchas actuaciones, también se ha visto mucha grandeza que muchas veces en épocas más “brillantes” no se ha podido apreciar. Quiero destacar la actuación del Centro Ocupacional CAVIGA, un centro para disminuidos psíquicos que nos hizo llorar a todos de la emoción. En  este “festival de teatre al carrer” es tan importante mirar  a los artistas como a las caras de los espectadores. Me encanta observar a los niños bailando como locos, comentan y preguntan a los trapecistas o los payasos, los miran con asombro y aplauden sin pudor ni miedo a equivocarse, saben muy bien lo que les gusta. Las personas mayores aguantan estoicamente horas de pie y nos amamos y nos odiamos en espacios asombrosos.
Pues sí, el grupo de CAVIGA hizo llorar en la penumbra a mucha gente. Estuvieron enormes, derrocharon ternura y gracia. Hicieron un verdadero homenaje  al Festival haciendo teatro, circo, danza, titelles, música y lo más importante supieron llegar a los sentimientos de la gente.