18.8.09

EL VIAJE: CAPITALES BÁLTICAS




Catedral de Helsinki (Finlandia)


Un crucero por las capitales bálticas es un extraño paseo por la historia de Europa. Resulta muy curioso levantarse cada mañana en un país diferente y comprobar que eres capaz de entenderte con la gente y que en el fondo no somos tan diferentes.
El verano también existe en las ciudades del norte y se disfruta de una temperatura magnífica a principios de agosto.
Para empezar, me sorprendió la luminosidad de Helsinki, llena de una luz especial y de un verde que lo cubre todo. La gente se desplaza en bicicleta como en casi todas estas capitales y todos se muestran tranquilos y acogedores. Contemplas los lagos y las fuentes mientras te cuentan que durante el invierno la gente pasea por ellos como si fueran tierra firme y no puedes dejar de sentir que todo eso es un regalo efímero como todos los buenos momentos de la vida que duermen bajo el hielo.


El segundo puerto fue San Petersburgo, aquí si que se siente el peso de la historia. La riqueza exagerada del mundo creado por los zares y la nobleza, contrasta con la pobreza encubierta que se asoma por los viejos portales o por alguna ventana entreabierta. El pan de oro parece cubrir media ciudad y la otra media busca su pan con unos sueldos minúsculos.
La policía de la aduana mantiene su imagen de gente dura y severa, intentan intimidarte cuando te revisan los pasaportes. Te sientes dentro de una película detrás del telón de acero. Pero la mayoría de las cosas que se ven son un montaje turístico. Millones de matriuscas de todos los colores, llaveros, imanes, botellitas de vodka, gorros con apariencia de gatos que se enroscan en la cabeza, desfilan bajo los ojos de los turistas como reclamos a los que no pueden renunciar. Pero si te aíslas de todo eso y afinas la mirada, te encuentras con grandes obras de arte dentro del Hermitage, con palacios impresionantes como el de Catalina la grande o descubres que Anastasia fue fusilada con todo el resto de los Romanov y puedes contemplar su tumba.
Maravillosa ciudad que no te deja indiferente.
La guía de las excursiones nos estuvo explicando historias personales, por ejemplo cómo vivió su familia el terrible sitio de los alemanes en la Segunda Guerra Mundial, en la que la mitad de la población murió de hambre. Todos pensaron que la cosa duraría unos días y duró tres años. Respecto al régimen comunista se muestran contentos de haber salido de aquello pero no niegan que también se hicieron grandes cosas a nivel social. También nos comentó la guía que ellos no lucharon por la libertad que el nuevo sistema capitalista con la Perestroika les vino dado.



Delante de un Henri Matisse (Hermitage)



Cúpulas en forma de cebolla de la catedral de la Resurección



Mc Donals versión rusa

En Tallinn paseamos a nuestro aire por una preciosa ciudad medieval. Descubrimos una estupenda taberna llamada la casa de la cerveza, nos instalaron dentro de un barril gigante y bebimos cerveza y comimos buenísimas tapas de Estonia. Fabrican la cerveza que se consume en el mismo local, nos gustó mucho.


The Beer House



Estocolmo también me sorprendió. Es una ciudad repartida en 14 islas. Visitamos el ayuntamiento donde se hace la cena de gala de la entrega de los premios Nobel y el museo Vasa, donde se conserva los restos arqueológicos del barco mejor conservado del mundo. La nave en cuestión sólo navego 15 minutos y se hundió en el mismo puerto, no pudieron rescatarlo hasta 300 años después. Es una especie de Titanic antiguo.

La mesa de la cena del Nobel , Ayuntamiento de Estocolmo

Gdansk, otra de las ciudades medievales, también nos encantó. La pena es que la visita era tan corta que te quedas con ganas de conocer el país entero y disfrutar con su gente. El guía era un polaco profesor de español. Nos divirtió con sus anécdotas y también con algo de su historia personal. Me ha gustado mucho que los guías aportaran esa pincelada de humanidad que te acerca a la gente, que es lo que más me importa.






Copenhague, ciudad tomada por las bicicletas, se puede recorrer también gran parte por canales. El monumento más visitado es la famosa Sirenita que yo sólo pude fotografiar de espaldas. Hay muchísimo ambiente con gente de todas partes. Un precioso parque de atracciones “Tivoli”, una maravillosa biblioteca y un teatro de la Ópera digno de ver.













La Biblioteca Real de Copenhague


Teatro de la Ópera


De vuelta, durante el vuelo, tuve tiempo de leer una buena novela, nada mejor que leer sobre las nubes, ¿sabéis que libro? …”Bolero envenenado”. Pronto os contaré mis impresiones.