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18.10.08

Homenaje a Kafka (Ante la Ley)

Foto: Francisco de Asís Giménez Rocamora


Ante mí



Ante la puerta de mis sueños hay una mujer. Me presento delante de ella y le pido que me deje entrar para soñar lo que quiero. La mujer me contesta que no puede. Le pregunto si será posible que mañana me deje.
—Puede ser —Me dice la mujer —pero no hoy.
La puerta que conduce a mis sueños está abierta; yo intento mirar hacia el interior. La mujer me mira, sonríe y me dice:
—Si estás segura de lo que quieres, intenta cruzar la puerta, a pesar de que yo te lo prohíba. Recuerda que tengo el poder. Existen muchas más puertas e infinitas mujeres más poderosas que yo. Y sólo soy la última de tus barreras.
Nunca pensé que me resultase tan difícil; la puerta de los sueños debería poder cruzarse sin impedimentos. ¿Quién es ella? Su cara huesuda y sus ojos oscuros me paralizan. Permanezco sentada ante la puerta.
Espero incontables noches. Suplico a la mujer y sé que la aburro con mis palabras. Ella apenas me habla, tan sólo me hace preguntas como quien se siente superior. Pero siempre acaba por repetirme que no puede dejarme franquear la puerta. Le ofrezco todo lo que tengo pero sólo obtengo miradas altivas. Ella me dice:
—Sé que haces lo que puedes pero eso nunca es suficiente.
Durante muchos años observo a la mujer, noche tras noche. Estudio su mirada, sus silencios, la manera como me incita a desafiarla con un leve gesto de sus manos. Hay algo en ella que me es familiar. Sólo quiero verla como la única barrera. La puerta sigue allí detrás de su imagen. Tengo la sensación de que de un momento a otro, se transformará en un agujero que se cerrará sin dejar rastro. Pero las cosas nunca son como uno cree. Concentro todo lo que he aprendido de ella para utilizarlo en su contra. Camino con pasos invisibles en un acercamiento que no llega. Me siento cansada y dudo de poder alcanzarla.
—¿Qué quieres ahora? —pregunta la mujer —No te rindes nunca.
—¿Por qué en todos estos años te has negado a dejarme pasar la puerta?
La mujer comprende que es la última vez que lo intento y entonces me dice con voz firme:
—Tan solo soy el reflejo de una parte de ti, tú sabrás el verdadero motivo. Y la puerta y la mujer se desmoronaron como si estuvieran hechas de arena.

M. J. Yeste




9.5.08

La destrucción de la destrucción

Yo no sabía que leer a Borges tenía semejantes consecuencias, para bien o para mal, vale la pena saber las cosas . Nunca habría sabido descubrir mi problema sin él. Me había dado cuenta que los argentinos se suelen debatir entre la dualidad, la ambigüedad y están llenos de esa especie de cabezonería propia de los géminis. Pero ahora pienso que tal vez todos ellos leyeron también a Borges. Me miro en el espejo y siento que mi problema está llegando a ser físico, ha traspasado los límites de lo psicológico.
Una sombra, una especie de vaho en el espejo del baño me hizo sospechar que dentro de mí vive un fantasma. Una parte de mí debió morir hace mucho tiempo, puede que antes de nacer. Por eso mi obsesión con la muerte y con saber que objetivo tiene la vida. Como si la dicotomía que me habita me empujara a una eterna contradicción.
Cuando mi madre se quedó embarazada tuvo que estar los nueve meses en reposo. Ya mi fantasma debía amenazar con liquidarme, quería dejar que yo saliera del vientre materno, convertida en simple sangre, y, nunca pudiera aventajarlo en nada.
Mi fantasma continuó su trabajo e iba destruyendo todo a mi alrededor. El hospital donde nací fue derrumbado a los pocos años. El colegio donde estudié lo cerraron, victima de la Reforma. Dejé la profesión para la que estudié. Cerraron la biblioteca de mi barrio a la que yo iba cada día a refugiarme. Mis padres murieron jóvenes y dejé atrás mi pueblo que ya ni siquiera reconozco. Vendí la casa donde pasé mi infancia y no tengo donde volver. ¿Fui yo o mi maldito fantasma? Creo que es para empezar a sospechar. Poco después monté un negocio que cerré a los tres años. Y lo más curioso es que nunca supe porqué me metí en algo que nunca me gustó. Era como si alguien me dictara lo más conveniente para sus intereses. Me saqué el carné de conducir, compré un coche que regalé a los pocos meses y nunca más he vuelto a conducir. A veces tengo la sensación que por el día, yo intento reconstruir todo lo que por la noche destruye mi fantasma. Tal vez la solución sea la destrucción de la destrucción pero eso tal vez fuera darle la razón. Y a eso no estoy dispuesta.

Dedicado a mi amiga Musa, mi argentina peferida.

21.9.07

LA BOLA


1.
Bailar
, pegar mi cuerpo al tuyo. Un vértigo para el que no tengo palabras. Un silencio al que no le importa la música. Sólo bailar y cuando tus brazos me apretan sentir miedo. Miedo de sentirte a mi lado. Un olvidarme de quien soy porque ya no me importa. Un espejo allí al fondo, me descubre que conservo mi cuerpo de mujer pero mi cabeza es una bola sin rasgos. No tengo cara, tan sólo bailo a tu lado y me dejo llevar. Me pregunto si yo soy capaz de verte sin tener ojos, ¿serás tú capaz de quererme sin tener corazón?

2.
Sólo cuando bailamos siento que eres mía. Te miro y hay algo en ti que hoy me gusta más. No tienes ojos ni boca. Tu cabeza se ha convertido en una perla perfecta, blanca y vacía. Tu cuerpo se aferra al mío y tus pechos se aplastan contra mi pecho, me hacen sentir que estoy vivo .

3.
Vueltas y vueltas, danzamos sobre la pista. ¿Por qué es ahora en este silencio de nuestro abrazo cuando descubro que tú cara es una máscara horrible? Me pregunto cuánto tiempo he estado ciega, aunque tenía ojos. Tal vez sea capaz de decir lo que nunca he dicho cuando ya no tengo boca.

4.
No sé por qué te apartas, no pienso soltarte, no voy a gastar ni una sola palabra. No Pienso escuchar nada más que la música. Baila, sigue bailando que soy yo el que te lleva
.

5.
Él me da vueltas sin parar, giro y tengo de eje su mano que no me suelta. Estoy mareada pero sigo girando y girando. Nunca pensé que de su propia mano pudiera convertirme en una silueta que dibuja una esfera. En una bola gigante que rueda, que aplasta a su paso al hombre de la máscara que no sabe que ha creado a un monstruo.